Arturo Fierros Hernández
Secundaria General 31, Baja California / arturofierrosh@gmail.com
El gobierno de los Estados Unidos ha experimentado con seres humanos a través de diversas instituciones con distintos fines. Uno de los campos más explotados en este sentido ha sido el médico, donde se ha estudiado la historia natural de algunas enfermedades, pruebas para la detección de éstas y tratamientos, tanto curativos como preventivos.
Un ejemplo de lo anterior es el estudio llevado a cabo en Tuskegee, Alabama, entre 1932 y 1972, donde investigadores del United States Public Health Service (USPHS) hicieron un estudio prospectivo con hombres negros, a los que engañaron para observar el desarrollo natural de la sífilis en humanos, permitiendo que la enfermedad avanzara hasta sus últimas etapas, aun después de que se encontrara la cura.
En 1997, el presidente Bill Clinton ofreció disculpas a los seis sobrevivientes. En 2010 Barack Obama llamó al presidente guatemalteco Álvaro Colom para disculparse porque, a partir de una investigación de la historiadora Susan Reverby, se descubrió que los médicos del USPHS también experimentaron con humanos en Guatemala. Se trabajó con presos, enfermos mentales y soldados, mismos que se expusieron directa (inoculándolos) o indirectamente (por medio del contacto sexual con prostitutas infectadas con la bacteria causante de la sífilis).
El estudio Tuskegee se llevó a cabo para conocer una enfermedad que atacaba con frecuencia a los soldados estadounidenses. En el caso de Guatemala lo hicieron para identificar los mecanismos de transmisión de la sífilis y la gonorrea, así como para validar las pruebas VDRL (que actualmente se utilizan para detectar sífilis) y el mecanismo de acción de la penicilina sobre las mencionadas enfermedades.
Por increíble que pudiera parecernos, esto no paro ahí. Los médicos del USPHS se propusieron investigar si la penicilina, en combinación con otras sustancias como la cera de abeja sintética, además de curar la sífilis y la gonorrea podía funcionar como método preventivo. En la frontera con México se experimentó con la mezcla de penicilina, cera y aluminio.
A finales de 1948 se probó la penicilina G-procaína con monoestearato de aluminio a 2% en microcristales con mujeres dedicadas a la prostitución en la ciudad de Tijuana. En un primer momento las prostitutas compraban la penicilina, pero posteriormente los médicos del USPHS gestionaron recursos para que este medicamento les fuera regalado, además instalaron laboratorios e invirtieron en infraestructura médica.
En este contexto, inyectaron semanalmente a mujeres con penicilina, estuvieran o no enfermas, sin que ellas supieran de las consecuencias que esto acarrearía para su salud. La corrupción que imperaba –aún persistente– en Tijuana hizo que este proyecto terminara.
No obstante, a finales de 1949 se acordó que la experimentación se realizara en Agua Prieta, Sonora, donde existía una Unidad Sanitaria con servicios antivenéreos y de laboratorio. A pesar del optimismo que mostraba Guillermo Samamé en los artículos y las cartas dirigidas a sus superiores, una de las razones que ofreció para llevar el Programa de Profilaxis Antivenérea (PPA) a este punto fronterizo de Sonora fue que había un «corto número de prostitutas registradas», lo que facilitaría «su control», ya que -paradójicamente- parece ser que la corrupción de las autoridades de Tijuana les impidió generar una correcta experimentación. En cambio, Samamé indicaba que en Agua Prieta el PPA tendría «otras condiciones administrativas […] que nos permitirían resultados muy satisfactorios». Esto fue notado a inicios del PPA por Gutiérrez Salinas quien sugirió «la conveniencia de una colaboración más amplia por parte de las autoridades locales”, ya que en varias ocasiones su intromisión es dañina.
En necesario enfatizar que, si bien durante los últimos años los organismos e instituciones de salud han tratado de controlar el uso inmoderado de la penicilina, fueron los propios profesionales de la salud los que pusieron todas sus esperanzas en que el fármaco lo curaba todo. Se experimentó de manera poco cuidadosa, ignorando sus efectos contradictorios por la sobreexposición.
La perspectiva histórica en torno al uso de la penicilina nos llama a reflexionar acerca de la forma en la que la sociedad y los profesionales de la salud deben actuar frente a nuevos antibióticos en fase de desarrollo como la teixobactina.
Para saber más:
El Programa de Profilaxis Antivenérea en Tijuana (1949-1952). Un experimento con humanos de Arturo Fierros: https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=104650

Imagen: Fragmento de boceto de folleto utilizado para promover la profilaxis con penicilina entre las mujeres dedicadas a la prostitución.
Fuente: Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, México (AHSSA), Subsecretaria de Salubridad y Asistencia, caja 29, exp. 1. 1948-1950. Dirección de Cooperación Interamericana de Salubridad Pública, Dirección General de Proyecto MEX-MED-3.


Imagen: Fragmento de una misiva donde se observa la manera de operar de las autoridades respecto a la forma en la que las mujeres dedicadas a la prostitución debían ser obligadas a inyectarse penicilina.
Fuente: Campaña contra las enfermedades contagiosas, campaña de salud pública. 1950, AHEBC, Gobierno del Estado, 331, Exp. 1.

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